Del pavimento de las peatonales se eleva un calor que compite en intensidad con el que llega desde el cielo. Las gotas de sudor caen por rostros de ceños fruncidos. Las broncas y las frustraciones parecen hervir a flor de piel y da la impresión de que todos somos enemigos de todos. Resulta paradójico que el mal humor se adueñe de muchos de los que recorren el centro durante estos días. En definitiva, la mayoría sale a la calle en busca de un dispositivo con el que espera despertar la alegría en el otro: un regalo.

"En el marco de la fe cristiana, existe la idea de que el Niño Dios llega a la Tierra y nos regala la salvación, la vida eterna. Quizás por eso nosotros también sentimos la necesidad de regalarle algo a alguien; es un momento en el que una expresión linda nos pone contentos", analiza Graciela Chamut, psicóloga, magister en Dirección Ejecutiva de Empresas y coach ontológico.

De todos modos, la locura por comprar, comprar y comprar regalos posee otra connotación. "En la medida en que uno es inseguro de sí mismo, de su raíz social, pretende cerrar esa brecha gastando mucho. Eso explica por qué hay personas que salen como locas a comprar. Pretenden posicionarse por medio de lo que pueden adquirir y regalar. Esto se nota en las personas que están dispuestos a endeudarse con tal de obtener determina posición", explica.

En víspera de Navidad, la mayor parte de los regalos que se adquieren van destinados a los chicos. Pero cuidado: todo debe tener un límite. "Hacer un presente implica vivir la sensación agradable de sentirnos ricos, pero no económicamente, sino por tener la posibilidad de dar. Además, los adultos nos sentimos especialmente felices al darles algo a los niños, porque los sentimos más vulnerables y queremos despertarles una sonrisa. Pero, lamentablemente, el marketing está dirigido especialmente a los chicos y a las mujeres. Y se les crea necesidades que realmente no tienen", destaca Chamut.

Por último, la especialista resalta a las organizaciones que reciben juguetes para los chicos pobres o enfermos y que se los entregan. Las puso como ejemplo de lo que debe ser un presente: buscar generar en el otro una alegría, una sonrisa que no necesariamente posea una raíz económica.